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Al blog de Lengua y Literatura de los chicos del Juve, un espacio para crecer como alumnos. Aquí vas a poder encontrar ejercicios extra, explicaciones complementarias y actividades interactivas.
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miércoles, 22 de junio de 2011

QUINTO AÑO EJERCITACIÓN DE LENGUA PARA LA EVALUACIÓN




1.    A) Indica cuáles de las siguientes oraciones son simples y cuáles compuestas (e indica además si son coordinadas o subordinadas y subtipo)
B) Analiza sintácticamente cada una.

1.      Si yo me pierdo, me encontraréis en Andalucía o en Cuba
2.      Cuando me iba a retirar, la madre de estos niños me ofreció una taza de café
3.      El otro día entré en un gran patio y me puse a conversar con unos niños.
4.      La conversación con la gente me resulta agradable; Pero yo, a veces, prefiero la soledad.
5.      Creo que continuaré unos días más en esta maravillosa isla.
6.      He visitado La Habana , pero no conozco aún otras ciudades de la isla.
7.      Dejamos Nueva Cork el jueves y llegamos a La Habana el viernes por la tarde.
8.      No he podido localizar a Chacón ni hablar con él por teléfono
9.      Escribidme a esta dirección o enviadme un telegrama a casa de los tíos.
10.  No intervine en la cacería, estuve de espectador.
11.  Han encontrado al niño que se había extraviado
12.  Un maletín que sea grande es adecuado para un equipo de fotografías
13.  Una televisión que cueste mucho no siempre es buena
14.  No conozco al vecino que llega
15.  El concierto, que está programado, comenzará a las seis
16.  Los árboles, que son un poco pequeños, ocupan todo el jardín.
17.  La ciudad que está al noroeste, tiene un millón de habitantes.
18.  Los jugadores que han participado recibirán un trofeo
19.  El chico en quien más confiaba me defraudó.
20.  En la vida no son raros los ejemplos que tomar del prójimo.
21.  Mercedes se marchó de compras con María, con la cual no se lleva nada bien.
22.  Esa casa, en cuyo salón a veces se ven fantasmas, fue construida por mi padre.
23.  Aquellos infelices viven en un mundo propio donde nadie puede entrar.
24.  Estuve en la finca de la que te hablé en mi carta.
25.  Yo les quitaría de enmedio, que es lo más seguro.
26.  Es un enigma irresoluble el modo como llevó a cabo su crimen.
27.  Mi primo Agustín, el que se fue a América, está de visita en casa.
28.  Alfredito es un patán insoportable que ha salido a la tonta de su madre.
29.  Ahí hay unas cien serpientes, entre las cuales más de ochenta son venenosas.
30.  No puedo acordarme del juez por cuya intercesión te libraste de la cárcel.
31.  Eso que dices es falso, lo cual me confirma en la debilidad de tus argumentos.
32.  Mande quien mande, yo haré lo que me dé la gana.
33.  Recuerdo aquellos tiempos pasados, cuando éramos tan felices.
34.  Jorge es uno de esos hombres a los cuales se puede hacer daño impunemente.
35.  El hombre a quien acabas de saludar es un conocido gángster.
36.  No vi ninguna cara conocida, por lo que me marché inmediatamente.
37.  El terrorista, acosado por la policía, acabó pegándose un tiro.
38.  El terrorista, viendo que la policía iba a detenerlo, acabó pegándose un tiro.

domingo, 22 de mayo de 2011

Ema Zunz, Jorge Luis Borges (Literatura para analizar)

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguánuna carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto contínuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue asucuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Pardójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.

Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.

Ante Aarón Loeiventhal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampi-dos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado («He vengado a mi padre y no me podrán castigar...»), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.

Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

domingo, 1 de mayo de 2011

Ernesto Sábato

El sábado por la madrugada, murió Ernesto Sábato autor argentino.
Los chicos de quinto saben que es el autor del libro El Túnel, el primer libro
de este trimestre.


Para saber más sobre su vida, les dejo un link de La Voz
http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/murio-escritor-ernesto-sabato-adios-al-gran-escritor-argentino

martes, 12 de abril de 2011

Pequeño manual de ortografía para la Web

Como sé que a los intrépidos alumnos que leen el blog (intrépidos significa que no le temen al peligro) no les basta con las pequeñas lecciones de ortografía que vemos en clases de Lengua les dejo un artículo del diario Perfil muy interesante. Se llama "Manual de ortografía para twitteros" aunque yo creo que también podría aplicarse al uso del Facebook.

Click acá para ver el artículo original

- Ay! Como somos gente que sufre, empezaremos por aquí (ya que están, vayan tomando nota de las palabras que llevan tilde. No cuesta nada, y hacen mucho más entendibles los textos). Es exasperante (creanmé que va sin h en el medio) que confundan hay/ay/ahí. ¡No es tan complicado! Si “hay algo”, es del verbo haber, ergo va CON H. Si es la interjección de dolor (interjección: clase de palabras que expresa alguna impresión súbita o un sentimiento profundo, como asombro, sorpresa, dolor, molestia, amor, etc. Sirve también para apelar al interlocutor, o como fórmula de saludo, despedida, conformidad, etc.; p. ej., eh, hola) “Ay, Dios mío!” va SIN H. Eso sí, en ambos casos llevan Y. Si es el adverbio que indica el lugar, “Estaba por ahí”, va CON H pero en el medio, y con acento (en la i).

- Otra terrible: “a veces”, espantosamente deformada en más de una ocasión en abeces, habeces, aveces y otras barrabasadas por el estilo. Por empezar, es una locución adverbial (o frase adverbial), o sea, es más de una palabra. NO se escribe todo junto bajo ningún concepto. Las dos palabras son la preposición “a” (que no lleva h, se acuerdan, es la primera de a, ante, bajo…) y el plural de vez, que va con “c” (y sí, les juro que la z al pluralizarse se transforma en c).

- Algo parecido pasa con “a través“. Tomen la explicación anterior para no escribir atraves, atravez, etc. Y “través” es con V, S y tilde en la e. Gracias.

- Allá, haya, aya y halla son cuatro palabras que quieren decir cinco cosas distintas. ¡En serio les digo!. “Allá está” (si, allá, lejos, donde guardaste el diccionario), “Que haya dicho esto”, del verbo haber (tan maltratado pobrecito), “El aya que cuida al niño” (es un sustantivo, si no me creen busquenló), “Se halla cómodo”, del verbo hallar (¿lo conocen?). El haya además, es un árbol, pero bueno, no importa (aunque está de moda el color haya).

-¿Es necesario explicar la diferencia entre iba y el IVA? Vos “ibas” a ser bruto, y lo lograste. El IVA lo pagás todos los días.

- El “tubo” es una “pieza hueca, de forma por lo común cilíndrica y generalmente abierta por ambos extremos” (caramba, que coincidencia). “Tube”, lamento informaros, no existe en el idioma español (que casualmente es el que hablamos). Por lo tanto, nadie “tubo fiebre”, ni yo “tube que hacer nada”. TUVO, TUVE, ¡Será posible!.

- Ni “llendo” ni “vallas”. (Podría ser una consigna). Yo entiendo que la conjugación del verbo ir es harto complicada (uh, con el harto los maté…), pero qué va usted a hacerle, es así. Resulta que el verbo ir es muy amiguito de la Y, entonces se conjuga yendo y vaya, porque a la y le gusta estar ahí. Además “vaya” es una interjección, pero si quieren no los complico tanto ahora. Y las vallas son otra cosa.

- Ahora pasemos a algo serio. Ya me parece feo per se (sí, “per se” existe, es una locución adverbial) la frase “de en serio“, pero si la van a usar, usenlá exactamente asi. “De en serio”, en serio se los digo, en serio. No pongan denserio, ni dencerio. El cerio no pega con “¿en serio me lo decís?, porque el cerio es muy duro para esa frase. Y si viene de “serio”, por seriedad, no lo peguen con el “en” y menos que menos con el “de”. Y siempre, pero siempre, va con S.

- Y ya que se vienen Navidad y Fin de Año, y todos mandamos mensajitos ad hoc (también existe, creanmé), tratemos de no mandar “deCeos”, ni desear “FeliceZ” o “FeliSes” fiestas, ni escribir “FelicidadeZ” (por intentar algunas combinaciones). Hagamos una cosa: copien y peguen “¡Felices Fiestas! Mis mejores deseos para el año que comienza“. Van a quedar bárbaro y sin ningún error.

- Hablando de errores… Si no ponen las pobres haches donde van, ¿por qué las agregan donde no van?. A ver, repitamos todos: “error se escribe sin h, error se escribe sin h, una vez más, error se escribe sin h…

- Otra extraña confusión que se da en algunos especímenes en franco crecimiento es entre “haber” y “a ver” (y una extraña forma inexistente: “aver”). Por más que trato de analizar de donde viene tamaño desconcierto, no logro dar en la tecla. No entiendo cómo (en este caso va con acento, porque me estoy preguntando) logran confundir el verbo haber con intentar ver algo… No entiendo, juro que no entiendo. Y el “aver”… bueno, sin palabras. (Aviso: también está el debe y el haber, pero no se preocupen por ahora por eso).

- Un favor especial (sí, favor, con ve de vaca corta): no le agreguen “s” a la segunda persona del singular del pretérito del indicativo. (Traducción: es viste, dijiste, escribiste, ¡Sin S!, ¿entendiste?)

- A lo hecho, pecho. Y si te echan por eso, bancatelá. Pero nadie hecha a nadie. Podés haberlo hecho, pero entonces lo habrás echado, seguramente porque algo habrá hecho. Pero una cosa es el verbo echar, y otra cosa el el verbo hacer (otro gran vapuleado, castigado sobre todo con agregado de eses y quitado de haches).

- Y como viene al caso, aprovecho para decir que si el pobre verbo hacer se escribe con h y con c, lo mismo pasa con todas sus formas conjugada, Por favor, no escriba asen, acen y otras barbaridades por el estilo. Es fácil. Siempre con h. Siempre con C. Salvo que hablen en pasado…

- Se escribe “decisión“, no puedo agregar nada más al respecto. Es así y no hay nada que hacer. Ah, y ya que estamos, “decisión” es pariente de “decidir“, por eso llevan la misma “c”. Es lo mismo que “decime“, que vive en la misma casa que “decir“. Así que no pongan “desime”, porque nadie va a saber qué hacer y complican a la gente cuando tiene que decidir qué contestar.

- La voz es ese maravilloso sonido que logra el aire expelido por los pulmones al salir por la laringe y hacer vibrar las cuerdas vocales (está bien, en algunos casos no es maravilloso). Vos podés tener una hermosa voz o voz de pito. Pero vos no me escribas “Voz vas”, porque parece que hablaras solo o, lo que es peor, que le hablaras a tu laringe.

- Dicen que hay palabras mágicas que abren (sin h) todas las puertas: “Por favor” y “Gracias“. Tengan en cuenta que a lo mejor la magia se encuentra en que “favor” se escribe con V y gracias con C. Por las dudas, no rompan el hechizo (esta sí con h) y no escriban bajo ningún concepto “fabor” y “grasias”. No tienten a las brujas.

Concluyo expresando que no es cierto (con c) cuando dicen (también con c) que no es fácil (vaya!, miren que casualidad, también con c) escribir bien. Sólo hay que prestar un poquito más de atención (si, si, con c). Así (los embromé, esta va con s) de sencillo.

P.D: Ya que estamos, eliminos las k reemplazando a las q. Es completamente innecesario y extremadamente feo leer kiero, ke, kerida y otras yerbas

miércoles, 6 de abril de 2011

¿Empezamos?



Una piedra arrojada a un estanque provoca ondas concéntricas que se ensanchan sobre su superficie, afectando en su movimiento, con distinta intensidad, con diversos efectos, a la ninfa, a la caña, al barquito de papel y a la balsa del pescador.
Objetos que estaban cada uno por su lado, en su paz o en su sueño, son como reclamados a la vida, obligados a reaccionar, a entrar en relación entre sí.
Otros movimientos invisibles se propagan hacia el fondo, en todas direcciones, mientras la piedra se precipita removiendo algas, asustando peces, causando siempre nuevas agitaciones moleculares. Cuando toca fondo, agita el todo, golpea los objetos que yacían olvidados, alguno de los cuales desentierra, otros a su vez son tapados por la arena.
Innumerables acontecimientos, o mini-acontecimientos, se suceden en un tiempo brevísimo. Quizás ni aún teniendo el tiempo ni las ganas necesarios sería posible registrarlos, sin omisión, en su totalidad.
Igualmente, una palabra lanzada al azar en la mente,
produce ondas superficiales y profundas,
provoca una serie infinita de reacciones en cadena,
implicando en su caída sonidos e imágenes,
en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria
a la fantasía y al inconsciente, complicándolo
el hecho de que la misma mente no asiste pasiva
a la representación, sino que interviene continuamente,
para aceptar y rechazar, ligar y censurar, construir y destruir.
Giani Rodari